Almanaque 1899. Obsequio a los clientes de la Imprenta Barcelona, Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona, Santiago, 1898.

Colección General

Archivo Central Andrés Bello.


Almanaque de la Imprenta Barcelona para el año 1899. Pertenece a la Colección General, acervo institucional proveniente de la antigua Biblioteca Central de la Universidad de Chile, cuyo origen se remonta al Gabinete de Lectura fundado por Ignacio Domeyko que comenzó a funcionar a mediados del siglo XIX en el Instituto Nacional. Dicho fondo ha ido aumentado a través del tiempo, sumando donaciones que dan cuenta del carácter público y del vínculo de la Universidad de Chile con el aparato estatal.


El almanaque es un impreso de origen europeo de circulación anual que empezó a producirse de manera muy asidua a mediados del siglo XIX en Latinoamérica. Esta publicación contiene de manera general la organización del tiempo civil, eclesiástico y natural. De esta forma, los contenidos lingüísticos y gráficos se estructuran a partir de calendarios de fiestas patrias y religiosas, efemérides civiles, santorales, tiempos lunares y temporadas de siembra y cosecha. Dichos contenidos han ido variando dependiendo de su uso y circulación. Por ejemplo, a finales del siglo XIX el mercado incluyó su propia agenda, convirtiendo a este impreso en una pieza fundamental en la publicidad de productos. Por lo anterior, se incluyeron, según los lectores-consumidores a los cuales se esperaba llegar, textos literarios, avisos clasificados, fotografías y textos de tradición popular. El almanaque se convirtió, así, en un dispositivo dinámico tanto en las formaciones lectoras de las clases populares a través de la educación informal, como de las clases medias que leían textos ilustrados. En síntesis, estos estratos sociales de lectores se familiarizaron con textos multimodales que contenían un importante segmento gráfico como oráculos, signos astrológicos y zodiacales, los cuales interactuaban con textos de diferente índole como pequeños escritos literarios, chistes o efemérides.


Un ejemplo de lo anterior es esta pieza, creada y distribuida por La Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona, fundada a finales de 1891 por Ignacio Balcells y Luis Barros Méndez, quienes en conjunto aportaron un capital inicial de $ 15.000 pesos para comprar la antigua Imprenta Católica, ubicada en la calle Santo Domingo. Este fue el comienzo de uno de los proyectos modernizadores en torno a la industria tipográfica en Chile. Junto con la Imprenta Cervantes, fueron las mejores del ramo entre las últimas dos décadas del siglo XIX y la primera de la siguiente centuria. Contaban con instalaciones modernas y eficientes que les permitían cumplir con encargos del gobierno y grandes clientes, con ediciones esmeradas y encuadernaciones de gran calidad. La Imprenta Barcelona se preocupó también de importar maquinaria desde Europa y adquirir técnicas acordes a las innovaciones para imprimir imágenes e incorporar color en sus productos.


Algo de ese desarrollo fabril se observa en este almanaque, distribuido “como regalo para los clientes”, ya que esta pieza en particular fue concebida desde su estructura discursiva como herramienta de difusión y propaganda hacia los consumidores actuales y los potenciales de un mercado creciente de bienes impresos. Dicha estructura se extendió hacia su condición material, dado que la imprenta quería divulgar, mediante la anatomía de su objeto, el riguroso y estilizado trabajo que realizaban los tipógrafos y operarios que parecían condensar el progreso de la época en su obra. 


Lo anterior se observa desde la portada exterior de la publicación. Ella ostenta diferentes tipografías, letras capitulares, variados estilos decorativos y técnicas de impresión. La  ilustración central exhibe una figura circular que simula un escudo de armas, el cual está decorado con marcas de agua en el que se ven dos figuras heráldicas. Los textos están enmarcados y decorados por formas de filigrana. Toda esta decoración abigarrada autopromociona el trabajo de la imprenta, que se extiende en el contenido del almanaque. 


El formato es de un pequeño libro en rústica, el cual mide 18,5 centímetros de alto por 13,5 de ancho y consta de 158 folios. El gramaje del papel varía dependiendo de las ilustraciones y fotografías que contiene el objeto. Como todos los almanaques, se divide por el calendario anual y el santoral católico, el cual se ubica en la primera parte. Su contenido es misceláneo y el lector podrá encontrar diversos géneros discursivos divididos por capítulos, por ejemplo: “Temas Militares”; también textos literarios como el capítulo titulado: “El Parnaso chileno Contemporáneo” y la tercera parte de “Variedades”, en las que hay pensamientos, chascarrillos, anécdotas, epigramas y economía doméstica.


Dos de los apartados más relevantes y que le dan mayor valor al Almanaque, aparte de su propuesta material y su variedad discursiva, son sus primeros textos: “LA IMPRENTA Litografía y encuadernación Barcelona”, del periodista y político chileno Julio Pérez Canto; y “El Arte de leer ( Á modo de advertencia preliminar)”,  de autoría anónima. El primero es un testimonio de la historia industrial y laboral de la Imprenta Barcelona en Chile, en tanto que describe su genealogía, su estructura administrativa, el quehacer técnico y la organización laboral de la misma, -en la que se incluye una cifra moderada de niños operarios-. Este texto aporta a la historia del libro en Chile ya que señala las implicaciones de la renovación industrial para la producción de impresos en el país. El segundo, expone una concepción sobre lo que significa leer desde la dificultad de hacerlo en ese momento histórico, planteando sugerencias para mejorar esta práctica, como por ejemplo “leer en voz alta y cambiar de posición leyendo” (17). 


El Almanaque para 1899 de la Imprenta Barcelona lo hemos calificado como representativo, ya que es un ejemplar que contiene la estructura visual y semántica de los almanaques que se publicaron tanto en América como en Europa, además de responder fielmente a la función de autopromocionar determinados productos y servicios a través de una propuesta miscelánea de textos escritos y elementos gráficos. Asimismo, por ser un ejemplar que exhibe diferentes tipos de decoración, impresión y desarrollo técnico de la tipografía en su propuesta material y, finalmente, porque el contenido de los textos escritos y visuales son un testimonio patrimonial para la historia de los impresos en Chile



Bibliografía

Juan Poblete, Literatura chilena del Siglo XIX: entre públicos lectores y figuras autoriales, Cuarto Propio, Santiago, 2002.


Bernardo Subercaseaux, Historia del libro en Chile. Desde la Colonia hasta el Bicentenario, Lom, Santiago, 2010.


Jorge Soto Veragua, Historia de la imprenta en Chile, Árbol Azul, Santiago, 2009.




Créditos: Cielo Ospina Canencio

Edición: Tomás Cornejo

Fotografía: Camila Torrealba P.

Santiago, 03 de enero de 2018.

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