Invitación a los festejos de la jura de la Constitución de 1828.

Colección Domingo Edwards

Archivo Central Andrés Bello


Pequeño papel impreso en caracteres muy apretados, fechado en Valparaíso el 12 de septiembre de 1828. Pertenece a la rica colección donada por los herederos del bibliófilo Domingo Edwards Matte (1891-1962) en 1962 a la Biblioteca Central de la Universidad de Chile, hoy Archivo Central Andrés Bello. Dicho acervo, constituido por varias secciones, incluye piezas de inmenso valor entre las que sobresale una colección importante de textos que dan cuenta de los inicios de la imprenta en Chile (finales del siglo XVIII- principios del XIX).


Pese a ser un documento aparentemente trivial, si se lo observa con atención revela un sinnúmero de información. En una de sus caras tiene un campo en blanco rellenado con pluma donde se aprecia el nombre del destinatario, José Santiago Campino, coronel de Ejército y Comisario de Marina de la Escuadra Nacional creada por Bernardo O’Higgins.


El remitente, A. J. Arratia, autoridad del cuartel n°1 (antigua división administrativa) de Valparaíso, solicita a Campino iluminar su casa, embanderarla y efectuar, si le parece, “otras demostraciones de público placer”.


Además de dueño de una propiedad inmueble, Campino debió ser considerado un vecino distinguido, merecedor de una invitación de este tipo y a quien se convidaba además a la sala del cabildo porteño para participar en las ceremonias de los días 17, 18 y 19 de septiembre, al “paseo general” para conmemorar la independencia y celebrar la promulgación del nuevo texto constitucional.


Este frágil documento de la sociabilidad de principios del siglo XIX atestigua el vínculo estrecho entre la emancipación nacional y la constitución. Para la sociedad de la época, imbuida del credo liberal y que adoptó un modelo republicano, un cuerpo legal de tales caracteres era fundamental para el nuevo orden.


Según reza la invitación, “la jura de la Constitución Política de la República, […] debe ser tanto mas solemnizada por todo buen patriota, cuando que es digna de un dichoso recuerdo en la historia de la revolución, como precursora de nuestros suspirados destinos”.


Resalta la voluntad de las autoridades políticas por vincular un acontecimiento considerado trascendente -la dictación de un nuevo texto constitucional-, con una de las principales fiestas cívicas de la naciente república. En efecto, hasta la década de 1830, la fecha del 18 de septiembre competía con el 12 de febrero (Batalla de Chacabuco en 1817 y declaración de la independencia en 1818) entre los festejos de la emancipación de Chile respecto del Imperio Español.


La consolidación del 18 de septiembre en única instancia celebrativa coincide con su uso como plataforma de cohesión y vehículo de legitimidad para la elite de las primeras décadas republicanas, a partir de la cual se quiso convocar a los sectores populares al proyecto nacional. Sobra decir que, con el tiempo, ocurrió un fenómeno de apropiación cultural que transformó el carácter celebratorio oficial de esa fecha en una instancia festiva socialmente transversal, cuestión que sigue ocurriendo hasta la actualidad.


Por su fragilidad material y por tratarse de un impreso eventual, improbable de conservarse para la posteridad, consideramos esta pieza como una curiosidad, tanto respecto de la colección de la cual forma parte, como del conjunto de impresos y documentos del Archivo Central Andrés Bello.


Bibliografía


Paulina Peralta, ¡Chile tiene fiesta! El origen del 18 de septiembre (1810-1837), Lom Ediciones, Santiago, 2007.


Jaime Valenzuela, Fiesta, rito y política. Del Chile borbónico al republicano, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, DIBAM, Santiago, 2014.


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Créditos: Tomás Cornejo

Fotografía: Camila Torrealba P.

Santiago, 3 de enero de 2018.

                                                                                                                                                                                                                    Anterior            Siguiente


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