Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Decreto n.547, en Anales de la Universidad de Chile, 1877, pp. 34. 

Santiago de Chile, 6 de febrero de 1877.

Colección Hemerotéca

Archivo Central Andrés Bello.


Decreto supremo N°547  dictado por el Presidente Aníbal Pinto, firmado en 1877 por el Ministro Miguel Luis Amunategui, que reconoce las capacidades de las mujeres para rendir el examen de Bachillerato, requisito fundamental para entrar a las carreras con grado universitario. Dicha disposición aparece publicada en el Boletín de Instrucción Pública, revista vinculada a Anales de la Universidad de Chile. En dicho boletín se encuentran las actas de las sesiones en que asistían, entre otras autoridades, el ministro en la materia y el rector de la universidad. 


Este decreto aparece en un momento en el cual la Universidad de Chile tenía un rol preponderante en la elaboración de políticas culturales estatales. En efecto, los gobiernos de la época hasta el último tercio del siglo XX no concebían tomar decisiones sin conocer el punto de vista que la universidad podía brindar sobre el quehacer público. Ello porque justamente esa es la misión específica de la casa de estudios desde su fundación en 1842. 


Podemos imaginar el tenor de las discusiones que debió generar este proyecto. En efecto, la disposición se logró gracias al trabajo que habían realizado dos educadoras claves cuyos nombres autoriales no son reconocibles en el decreto mismo: Antonia Ignacia Tarragó González, directora del Colegio de Santa Teresa, quien en 1872 había planteado la importancia social de la instrucción de la mujer, y la profesora Isabel Le Brun de Pinochet, directora del Colegio de la Recoleta, quien tres años después planteó el tema al Consejo Universitario. 


El objeto del decreto es claro. La disposición  permite que ellas puedan ejercer “algunas” profesiones científicas y propiciar su sustento económico. La prueba sería rendida bajo las mismas disposiciones que estaban sujetos los hombres. Sin embargo, las mujeres que habían tenido el privilegio de la educación ya eran estudiantas de las carreras universitarias que- a la época- no conducían a título profesional tales como Odontología y Farmacia. La primera mujer en rendir y aprobar el Bachillerato fue Eloísa Díaz Insunza (1866-1950) estudiante de la maestra Le Brun, el día 11 de abril de 1881. 


De la lectura del documento podemos desprender ciertas consideraciones. Las mujeres han sido un motor permanente en la historia del trabajo, ya sea desde la casa o en los distintos oficios que desempeñaban para abastecer sus hogares, los que mayormente no contaban con apoyo masculino. Sin embargo, el panorama laboral de las mujeres se transformó hacia el último tercio del siglo XIX, momento en que los hombres y mujeres de Estado estimularon su educación y la incorporación de ellas a las industrias. Tal fue el caso de las obreras de fábricas de papel y cigarrerías. 


Interpretamos este decreto como una pieza clave en la articulación del estado docente y la conformación de economías de mercado que, en la práctica, generaron espacios para una aparente igualdad de género que continúa siendo cuestionada. 


Consideramos que este decreto es representativo tanto de la colección a la cual pertenece como de las tensiones que la universidad afronta para cumplir con  la misión y el sentido de responsabilidad social que la institución tiene en tanto agente democratizador del conocimiento en el país. 



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Créditos generales: Ariadna Biotti.

Edición: Camila Belén Plaza.

Fotografía: Camila Torrealba.

Santiago de Chile, 16 de enero 2020.



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